image

Un depósito a plazo fijo es un producto bancario tradicional en el que un ahorrador entrega su dinero al banco durante un plazo determinado a cambio de un interés pactado. Es especialmente relevante en el contexto actual de tipos elevados (desde mediados de 2022 el euríbor y los tipos oficiales subieron) y de inflación en torno al 2 %. Los depósitos ofrecen una rentabilidad conocida de antemano y la seguridad del Fondo de Garantía de Depósitos (FGD): en España cualquier depósito está garantizado hasta 100.000 € por titular y entidad. Sin embargo, los intereses se deben declarar en la Renta: los beneficios tributan como rendimientos del capital mobiliario, entre el 19 % y el 30 % según la escala de ahorro de IRPF. Por ejemplo, un depósito de 10.000 € al 2,5 % TAE anual da 250 € brutos; tras la retención mínima del 19 % el ahorro neto es de unos 202 €.

Rendimientos actuales de los depósitos

Tras años de tipos históricamente bajos, en 2025 los bancos españoles han empezado a ofrecer TAE superiores al 2 % en depósitos a uno o dos años. Por ejemplo, según datos de diciembre 2025, algunos depósitos a 12 meses ofrecen hasta un 2,69 % TAE (SME Bank) y a 24 meses un 2,75 %. Otros ejemplos notables: Renault Bank (francés) ofrece 2,52 % TAE a un año (mínimo 500 €), Cetelem 2,50 %, o ING paga 1,25 % TAE a 12 meses y hasta 1,70 % si el saldo supera 100.000 €. En depósitos de plazo más corto (6 meses), los mejores pueden rondar el 2,3–2,5 %. Estos niveles son competitivos en comparación con otras opciones seguras: por ejemplo, las Letras del Tesoro a 12 meses rinden hoy alrededor del 2,0 % TAE. En cualquier caso conviene comparar siempre la oferta más actualizada, pues las condiciones cambian cada mes según el mercado.

Duración y condiciones

Los depósitos pueden contratarse a distintos plazos: desde unos meses hasta varios años. Por lo general, a mayor duración mayor TAE. En diciembre 2025, los depósitos a un año más rentables rondan el 2,6–2,7 %, mientras que a dos años alcanzan hasta el 2,75 %. Al elegir plazo, se debe pensar en la liquidez: los fondos quedarán retenidos hasta el vencimiento y, salvo penalización, no se pueden retirar antes. Además, hay que cumplir condiciones como mantener la cantidad mínima (algunos bancos exigen varios cientos o miles de euros) y cumplir requisitos de contratación (por ejemplo, no todas las ofertas están abiertas a todos los clientes). Por ejemplo, entidades como SMBC (España) piden domiciliar ingresos, e-ID, etc.

Seguridad y fiscalidad

Como hemos visto, los depósitos gozan de la seguridad del FGD español (100.000 € máximo). La única precaución es no exceder ese importe por banco, ya que en caso de quiebra la garantía se aplica por entidad financiera. Por otra parte, los intereses generados deben incluirse en la declaración de la renta. Se integran en la base del ahorro del IRPF: Hacienda solo grava la ganancia obtenida, no el capital total reembolsado. En la práctica, se descuenta el 19 % (retención mínima) y luego el contribuyente tributa sobre el beneficio según sus tramos: 19 % para hasta 6.000 €, 21 % entre 6.000 y 50.000 €, 23 % hasta 200.000 € o 26 % más. (Navarra y País Vasco tienen escalas propias un poco distintas). Así, como ejemplo, 100 € de intereses generan 19 € de retención; el resto formará parte del ahorro tributado al 19–23 %.

Alternativas y consejos

Aunque los depósitos no ofrecen grandes beneficios contra inflación (2–3 % de interés vs ~2 % de inflación), siguen siendo útiles para dinero que no se desee arriesgar. Para los ahorros a medio plazo convienen comparar continuamente los mejores depósitos. También es posible diversificar con cuentas de ahorro remuneradas o bonos de alta seguridad. En cualquier caso, conviene evitar dejar grandes sumas de dinero “dormido”: a los depósitos se les puede aplicar la retención de IRPF mínima (19 %), y puede ser útil evaluar otros productos (fondos de inversión conservadores, por ejemplo) o al menos revisar cada año si cambiar de depósito o banco. Finalmente, un truco para ganar rentabilidad bruta: retirar el dinero justo al vencimiento (y no antes, para evitar penalizaciones) y reinvertir inmediatamente en la oferta vigente, aprovechando cualquier leve mejora de tipo.

Cómo funciona la Bolsa: explicación sencilla para principiantes

La Bolsa de valores es el mercado donde los inversores compran y venden acciones (participaciones) de empresas, así como otros productos financieros (bonos, ETFs, etc.). En palabras simples, una Bolsa (como la de Madrid) es el lugar virtual donde se negocian estos activos. Cada vez que compras una acción, la adquieres a un precio determinado; si los inversores consideran que esa empresa valdrá más en el futuro (o ha ganado dinero via dividendos), el precio tiende a subir; si la empresa enfrenta problemas, el precio baja. El precio de cada acción cambia constantemente por la oferta y la demanda: es decir, depende de cuánto quieran comprarla o venderla los inversores en cada momento.

Índices bursátiles en España

En España, el índice de referencia es el IBEX 35, que agrupa a las 35 empresas más grandes y líquidas del mercado continuo español. El valor del IBEX 35 refleja el rendimiento conjunto de esas grandes empresas (como Telefónica, Banco Santander, Inditex, Iberdrola…). También existen otras bolsas (Barcelona, Valencia, Bilbao) y otros índices sectoriales o regionales. Un dato ilustrativo: en los últimos años el IBEX 35 ha mostrado gran volatilidad y ha llegado a subir cerca de un +44 % en un año, aunque luego puede corregirse. Por eso invertir en Bolsa implica asumir riesgos: los precios pueden subir o bajar notablemente. La rentabilidad media histórica de la Bolsa a largo plazo es positiva (en España e internacional), pero en el corto plazo puede haber caídas importantes. Por ejemplo, muchos inversores recuerdan la caída de 2008 o la corrección de principios de 2020.

Cómo invertir en Bolsa

Para invertir en acciones se necesita abrir una cuenta en un bróker (banco o plataforma de inversión autorizada) que esté dado de alta en la Bolsa (en España o en mercados internacionales). Hoy en día la mayoría de los grandes bancos y muchas plataformas digitales (por ejemplo, Renta 4, ING, o brokers online como Degiro) ofrecen acceso a comprar acciones de empresas. El inversor introduce una orden (por ejemplo, “compro 50 acciones de Telefónica a 5,30 €”) y, si encuentra oferta, la orden se ejecuta. No es necesario contar con una gran suma de dinero: muchos broker permiten comprar incluso una sola acción. Existen además los fondos de inversión bursátil o ETFs (fondos cotizados), que agrupan acciones de muchas empresas: así un inversor puede exponerse al mercado español o global con una sola inversión, lo que ayuda a diversificar y reducir riesgos.

En todos los casos, hay que tener un perfil claro: invertir en Bolsa suele recomendarse solo para dinero que no se necesita en el corto plazo (al menos 5–10 años de plazo) y para aquellos dispuestos a asumir volatilidad. No debe usarse dinero reservado para emergencias o gastos inmediatos. Un consejo básico es diversificar: no poner “todos los huevos en la misma cesta”. Es decir, no concentrar todo el capital en una sola acción o sector. También es clave formarse antes de invertir, o contar con asesoramiento profesional. Según BBVA y otros expertos, muchos principiantes cometen errores habituales como invertir sin investigar, dejarse guiar por emociones (comprar en auge o vender en pánico) o no diversificar. Para empezar, conviene establecer objetivos financieros claros (por ejemplo, ahorrar para la jubilación o para una meta concreta), y a partir de ahí destinar solo una parte de esos ahorros a la Bolsa. También es útil practicar con simuladores de mercado o pequeñas cantidades antes de arriesgar sumas grandes.

Beneficios y riesgos

Invertir en Bolsa puede generar ganancias de dos formas: plusvalías (venta de acciones a un precio superior al de compra) y dividendos (pagos periódicos que algunas empresas reparten de sus beneficios). Ambos se consideran rendimientos del capital mobiliario en la declaración de la renta. Por ejemplo, si compras acciones de una empresa sólida y el precio sube, realizas una ganancia al venderlas. A su vez, muchas empresas del IBEX 35 reparten dividendos a sus accionistas anualmente (como Inditex, Telefónica o Repsol suelen hacerlo). Sin embargo, también hay riesgos: el valor de las acciones puede caer por factores económicos, políticos o propios de la empresa. Es posible perder parte o toda la inversión. Por ello se aconseja no invertir dinero que no se esté dispuesto a perder, y diversificar entre distintos valores y sectores.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *