Un fondo de inversión es una entidad de inversión colectiva: agrupa el dinero de muchos partícipes (ahorradores) para invertirlo de manera conjunta en un portafolio de activos financieros (acciones, bonos, inmuebles, etc.). El patrimonio del fondo queda en manos de una sociedad gestora (gente experta en invertir) y está custodiado por una entidad depositaria. Cada partícipe recibe participaciones, que representan su porción proporcional del total invertido. En esencia, tú “compras” participaciones del fondo con tu dinero, y su valor sube o baja según varíe el conjunto de inversiones. Al compartir el capital con otros, se consigue mayor diversificación que invirtiendo por separado. Por ello los fondos son muy populares: permiten que incluso con poco dinero puedas tener un portafolio diversificado gestionado profesionalmente.
Tipos y funcionamiento
Existen muchos tipos de fondos según el activo subyacente: fondos de renta fija (bonos), de renta variable (acciones), mixtos, garantizados, fondos índice y ETFs (fondos cotizados en bolsa), entre otros. Cada fondo sigue una política de inversión definida en su folleto: por ejemplo, un fondo de bonos españoles, o un fondo global de acciones, o un fondo de tecnología. También varían según el perfil de riesgo: hay fondos muy conservadores (más riesgo bajo, menor rentabilidad esperada) y fondos agresivos (mayor riesgo y potencial de rentabilidad).
El funcionamiento básico es así: el fondo calcula un valor liquidativo diario (patrimonio total dividido entre número de participaciones) que refleja su valor por participación. Si entras (suscribes) un día determinado, compras participaciones a ese valor. Si el valor sube con el tiempo (debido a revalorización de activos), tus participaciones valdrán más; si baja, valdrán menos. Cuando quieras recuperar el dinero, solicitas el reembolso de tus participaciones: el fondo te paga el equivalente en euros a las participaciones que entregues, según el valor liquidativo del día. Este reembolso suele completarse en 1-2 días hábiles.
Según Renta 4, “un fondo de inversión es un instrumento de ahorro en el que los partícipes entregan su dinero para que un equipo de gestores profesionales lo invierta”. La clave está en esa gestión profesional y en el principio de diversificación colectiva, que reduce el riesgo específico de cada activo.
Ventajas fiscales
Una ventaja significativa de los fondos es su fiscalidad favorable. A diferencia de acciones sueltas, en los fondos puedes hacer traspasos entre ellos sin tributar. Esto significa que puedes mover tu inversión de un fondo a otro para cambiar la estrategia o el riesgo, sin pagar impuesto. Solo tributarás cuando realmente rescates (vendas) participaciones y saques dinero del sistema de fondos. Al rescatar, las ganancias obtenidas se integran en la base del ahorro del IRPF y pagan al tipo correspondiente (19–23 % en el estado español). Es decir, igual que con acciones y criptos, solo se paga impuesto sobre la ganancia neta de la inversión (y en un solo pago al año de rescate). Además, se aplica una retención inicial del 19 % sobre las ganancias que eventualmente recuperes.

Otro punto a favor: tus pérdidas patrimoniales (si vendes con pérdida) se pueden compensar con ganancias futuras o incluso con rendimientos de ahorro (como intereses bancarios) hasta en un 25 %. Por ejemplo, si pierdes 1.000 € hoy y al año siguiente ganas 4.000 €, solo tributarás por 3.000 €. Esta flexibilidad fiscal hace que los fondos de inversión (y ETFs) sean muy atractivos a largo plazo.
Cómo empezar en un fondo de inversión
Para iniciar, lo primero es informarse bien. Lee el Documento de Datos Fundamentales (DFI) del fondo elegido: ahí verás su objetivo de inversión, plazos de suscripción/reembolso y las comisiones (de suscripción, gestión y custodia). Según la CNMV, “el primer paso debe ser leer el DFI… conocer plazos, gastos y condiciones”. Tras informarte, decides la cantidad a invertir. En la mayoría de fondos existe una inversión mínima inicial (p.ej. 100 o 200 €) y puedes hacer aportaciones periódicas. La suscripción se realiza entregando dinero al fondo y recibiendo participaciones equivalentes. El valor liquidativo aplicado suele ser el del mismo día de la solicitud (publicado al día siguiente). Ten en cuenta que algunos fondos cargan comisión de entrada (hasta un 5 % del importe) y otros no; es un coste a verificar. Una vez suscrito, el dinero queda invertido según la política del fondo.
No necesitas ser un inversor experto, pero conviene escoger un fondo acorde a tu perfil: por ejemplo, si eres joven y buscas crecimiento, quizá un fondo de renta variable global; si eres conservador o cercano a la jubilación, uno de renta fija o un garantizado. Los bancos suelen ofrecer test de perfil inversor que sugieren fondos adecuados. También puedes usar comparadores de fondos en internet (el propio BBVA tiene buscador de fondos).
Después, con tu dinero invertido, lo importante es mantener la disciplina: piensa el fondo como un ahorro a largo plazo. Si el mercado cae, no entres en pánico: las cotizaciones suben y bajan; tradicionalmente, mantener inversión a varios años suele nivelar las pérdidas puntuales. Cuando quieras “salir” (por ejemplo, necesitar el dinero), solicitas el reembolso de tus participaciones y te ingresan el dinero en cuenta (descontando impuestos en el IRPF sobre ganancias).
Tributación final
Como se comentó, tributas en IRPF solo al rescatar. En España, las ganancias patrimoniales de fondos (como las de acciones) tributan a tipos escalonados del 19 al 26 % (según escala de ahorro). En el ejemplo de BBVA, hasta 6.000 € se grava al 19 %, de 6.000 a 50.000 € al 21 %, más de 50.000 € al 23 %. Además, al reembolsar pagarás una retención del 19 % sobre la ganancia antes de recibir el efectivo. Afortunadamente, al reinvertir en fondos se retrasa el impuesto: sólo pagas cuando efectivamente sacas el dinero. Todo el manejo (suscripción, traspaso, reembolso) se hace mediante el banco o plataforma donde abriste tu cuenta de inversión.
