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Los microcréditos rápidos (también llamados “minicréditos” o “préstamos exprés”) son préstamos de pequeñas cantidades (habitualmente menos de 1.000 €) con plazos muy breves. Aparecen en publicidad como solución fácil y rápida para urgencias financieras, pero en la práctica esconden costos altísimos y riesgos graves. Varias organizaciones de consumidores alertan de que estos préstamos suelen conllevar TAE (Tasa Anual Equivalente) muy elevadas, frecuentemente usurarias. Por ejemplo, OCU expone que un crédito de 300 € a 30 días puede llegar a costar más de 90 € en comisiones, lo que equivale a una TAE de alrededor del 3.000%. En casos denunciados judicialmente, se han anulado contratos con TAE superiores al 1.800% por considerarlos usura.

¿Qué los hace tan peligrosos? Estas son algunas razones clave:

  • Intereses y comisiones altísimos. No son préstamos como los bancarios normales; al contrario, llevan intereses abusivos. Muchas empresas de microcréditos aplican cargos fijos y porcentajes que pueden superar el 1.000% TAE. A eso se suman las comisiones por gestión, apertura y retraso. OCU describe el cuadro: un préstamo rápido se cobra con comisiones extremas y penalizaciones opacas, por lo que el coste final se dispara.
  • Cobertura regulatoria limitada. No siempre están regulados como los préstamos bancarios tradicionales. Algunos microcréditos operan al margen de supervisión estricta (no comparecen en la CIRBE por ser inferiores a 1.000 €, lo que facilita la ocultación de deudas). Esto significa que un deudor puede terminar con múltiples pequeños créditos sin que los bancos «se enteren», aumentando el riesgo de sobreendeudamiento oculto.
  • Plazos cortos e impacto financiero. Al exigir devolución en unas semanas, una cuota inesperada puede dejarte sin liquidez y forzar la solicitud de más préstamos o el impago. Es un efecto “bola de nieve”: financias un imprevisto con un microcrédito, luego otro, y terminas atrapado pagando préstamos con préstamos. Además, durante el tiempo que pasa, puede que no se informe a los registros oficiales de crédito, con lo cual tu historial bancario no refleja ese endeudamiento (lo que puede incitar a pedir más crédito a la vez).
  • Poca transparencia y letra pequeña. Los contratos suelen incluir condiciones complejas o poco visibles: intereses de demora exorbitantes, comisiones ocultas, refinanciaciones automáticas sin aviso, etc. FinanzAragón recomienda no pagar ningún adelanto por el préstamo, leer bien los términos y desconfiar de los mecanismos de renovación «automática». También recuerdan que, en caso de mora, se aplican intereses por impago que multiplican la deuda inicial.

Además, no suele servir para mejorar historial crediticio: al contrario, solicitar repetidamente estos préstamos o acumular impagos es señal de riesgo para cualquier banco. Si incumples el pago, las consecuencias pueden ser graves: pueden vender tu deuda a agencias de recobro o incluso iniciar acciones judiciales, según la legislación vigente. En todo caso, tu perfil financiero saldrá muy perjudicado.

En conclusión, debido a los intereses abusivos, comisiones excesivas y trampas contractuales, los microcréditos son generalmente una mala idea. Los expertos aconsejan considerarlos como último recurso extremo (por ejemplo, sólo en casos de emergencia real) y, si es imposible evitarlos, contratar sólo la cantidad imprescindible y saldarlo puntualmente. Siempre conviene explorar alternativas: hablar con el banco habitual (quizá te ofrezca un pequeño préstamo personal), recortar gastos temporales, vender algo de valor o pedir ayuda familiar. Pero lo mejor es NO recurrir a microcréditos salvo absoluta necesidad, pues pueden generar una espiral de deuda muy peligrosa.

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