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Un aval bancario es un compromiso escrito mediante el cual un banco (el avalista) se compromete a pagar las obligaciones económicas de su cliente ante un tercero (el beneficiario) en caso de que éste no cumpla con su pago. En otras palabras, es una garantía adicional: si, por ejemplo, el cliente no abona una deuda o un pago establecido en un contrato, el banco cubrirá esa deuda por él. El cliente (avalado) paga al banco una comisión periódica o inicial (suele ser un porcentaje del importe garantizado) a cambio de asumir ese riesgo.

Formalmente, se trata de un “contrato de afianzamiento”. En el caso más habitual, el aval bancario económico, el banco garantiza al beneficiario (un proveedor, propietario, administración…) que cobrará la cantidad debida si su cliente no paga. El aval se instrumenta mediante una póliza notarial o documento equivalente que detalla los datos del obligado principal (cliente), del avalista (banco) y del beneficiario, el importe garantizado y las condiciones. Suelen incluirse cláusulas de “reembolso de fondos” en caso de impago, de modo que el banco puede luego cobrar al cliente lo pagado bajo aval.

Tipos y usos comunes

  • Aval bancario para alquileres. En muchos contratos de alquiler de vivienda o local, el arrendador exige garantías adicionales. Además de la fianza legal de 1 mes, es frecuente pedir un aval por varios meses de renta como garantía extra. En este caso, el banco bloquea (pignora) un importe equivalente a 3–6 meses de alquiler y emite el aval a favor del arrendador. Si el inquilino incumple (dejando el piso sin pagar, por ejemplo), el arrendador puede ejecutar el aval y cobrarle al banco. Es conveniente saber que los avales conllevan comisiones (de apertura, estudio, mantenimiento) y que el saldo bloqueado no está disponible para el titular de la cuenta.
  • Garantía en contratos y concursos. Las administraciones públicas o grandes empresas suelen exigir avales en licitaciones y concursos (obra pública, suministros, subvenciones). Por ejemplo, un adjudicatario de obra pública puede necesitar aval técnico o de buen fin, para asegurar que terminará la obra. En este caso se habla de avales técnicos o de adjudicación, que garantizan el cumplimiento de la prestación a tiempo. Hay también los preavales, donde el banco se compromete a emitir un aval definitivo si se cumplen ciertas condiciones; se usan en ofertas de licitación, invitando a licitadores a participar con la promesa de aval si ganan.
  • Operaciones internacionales. En comercio exterior se usan instrumentos similares, como las cartas de crédito, que aunque son distintos legalmente, funcionan como un aval bancario: la entidad se obliga a pagar al proveedor extranjero si el importador no lo hace.
  • Cuándo se necesita. Básicamente, un aval bancario se pide siempre que el beneficiario del contrato quiera mayor seguridad de cobro. Los casos típicos incluyen: arrendamientos (para cubrir impagos de renta), compras a plazos o grandes adquisiciones (el vendedor exige garantía de pago), préstamos de importe elevado (un crédito respaldado), garantías en operaciones mercantiles y financieros diversos. En general, cualquier contrato de compraventa, obra o servicio donde esté en juego una cantidad significativa puede requerir aval bancario. El beneficiario sabe que, si el cliente no paga, puede dirigirse directamente al banco para recuperar la deuda.

En resumen, un aval bancario es como una póliza de seguro de pago: ofrece confianza a la otra parte y suele exigirse en situaciones formales (alquileres, contratos importantes, licitaciones públicas, importaciones). Si te lo solicitan, debes ir al banco que te ofrece el aval, presentar tu situación financiera, y firmar la póliza pagando las comisiones correspondientes (p.ej. apertura, estudio, riesgo). El banco se convertirá en avalista solo tras evaluar tu solvencia. En cualquier caso, es una obligación seria: si ejecutan el aval, el banco cobrará al cliente el importe desembolsado. Por ello, se recomienda usarlo solo en caso de seguridad y necesidad real de esa garantía adicional.

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